martes, 19 de noviembre de 2013

FADO

Este es un relato que escribí a mediados de los años 90, en tono de fábula postmoderna narra algunos años en la vida de un perro de presa mestizo y de la gente que lo rodea. Los puristas no esperéis encontrar verosimilitud en todo el desarrollo de la historia, porque al fin y al cabo se trata de una ficción literaria algo naif; no es, pues, más que un cuento en el que el protagonista es un can.
 
Espero que os guste.
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FADO:
 
Años 90 del pasado siglo…
 
Fado era un perro de pelea, pero no uno cualquiera, era uno excepcional, lo cual resultaba sumamente insólito ya que él no era un pit bull sino un mestizo. En los bajos fondos, en las pechadas y riñas que se realizan a diario en cualquier descampado de los barrios marginales, sí es común ver pelear a perros de razas tales como dogo argentino, bullterrier, stafford americano, mestizos de mastín y bóxer e incluso canes de guarda y defensa del tipo de los rottweiler; pero en el nivel de las peleas profesionales los reyes indiscutibles son los pit bull, todo el mundo sabe que son la raza mejor adaptada para este "trabajo" y nadie se atreve a ponerlo en duda .
 
Por eso Fado era tan extraordinario, pues él, como dije antes, no era un pit - en adelante emplearé esta abreviatura. Lo cierto es que sus orígenes eran bastante oscuros, unos decían que era un bandog (mestizo de pit con cualquier raza de moloso) , otros afirmaban que era un cruce de mastín napolitano con bull terrier e incluso había quienes sostenían que era el nieto de un mítico pampa – pseudo raza de presa argentina 50% dogo/50% staffordshire terrier- llamado Don Julio. Probablemente ninguna de aquellas historias era cierta, pero como nadie sabía realmente de dónde había salido aquel endiablado perro mestizo la gente optaba por fantasear.

Fado llegó a manos de su dueño, El Gardel, cuando éste lo gano siendo todavía cachorro en una partida de póquer a un narcotraficante merchero en Pasajes (Guipúzcoa). Su primer destino fue el de perro guardián en una nave industrial de las afueras de Madrid dedicada al cortado de la cocaína que, con inusitada puntualidad, llegaba viernes sí viernes no procedente del Noroeste (la provincia de Pontevedra principalmente). A nadie se le hubiese ocurrido pensar que un perro como aquel pudiera servir para la "tabla", pero un día de forma totalmente accidental El Gardel descubrió que tenía entre las manos un talento sin explotar. Fue una de aquellas frías tardes-noche de Diciembre, un viernes más, cinco días antes de Nochebuena, cuando se encontraban esperando el cargamento quincenal y apareció por allí, al mando del envío, Lucas, un aprendiz de narco resabiado y con aires de grandeza. Acompañándole venía Tristán, uno de los pit más prometedores de Galicia; este procedía de líneas de sangre mejicanas y ya había sido "probado" en tres riñas- combates no profesionales- en las que había "apalizado" a sus contrincantes. La visita se desarrolló conforme a lo habitual en estos casos, Lucas saludó a los presentes, intercambió algunas bromas, fumó tres cigarros y cuando la furgoneta hubo sido descargada se despidió; no habrían transcurrido más de treinta minutos desde su llegada y todo parecía en orden. Sin embargo algo inquietó a Lucas mientras caminaba hacia su vehículo, ya que pudo ver claramente que Tristán no estaba en el interior, justo donde él lo había dejado minutos antes con las puertas cerradas y las ventanillas completamente subidas - o al menos eso creía recordar. Llamó al perro repetidas veces pero este no vino a su reclamo; dos minutos más tarde uno de los chicos encargados de descargar, un pelirrojo de unos veinte años y con el rostro marcado de acné, dio un sonoro silbido desde el otro extremo de la enorme nave y señaló en dirección a la puerta trasera. Allí estaba Fado, como siempre atado a una barandilla con una larga cadena, y a sus pies, agonizante, con la mandíbula partida y la garganta abierta... Tristán.

Desde ese momento todo cambió para Fado, era un diamante en bruto al que su amo se propuso tallar. Introducido de lleno en el mundo de las peleas por dinero, se convirtió en un auténtico gladiador canino de la noche a la mañana.

Los primeros combates fueron principalmente contra rottweilers, bull terriers, dogos argentinos y razas de presa similares. Algunos eran canes vulgares, pero otros tenían una verdadera y bien merecida fama como perros de lucha, aunque Fado supo deshacerse de casi todos con una facilidad pasmosa, sin apenas esfuerzo. Tan sólo Judas, una mestizo de dogo argentino procedente de Valencia, lo puso en apuros amenazando su imbatibilidad – por aquel entonces ya llevaba siete combates invicto. Tardó casi media hora en acabar con él y cuando lo hizo estaba totalmente exhausto, a punto de desplomarse; había pagado la falta de descanso después de las peleas anteriores y tras ésta necesitó más de tres meses para recuperarse físicamente.

Al año su amo ya tan sólo lo "jugaba" contra presas canarios. Empezó enfrentándose a un par de ejemplares de Madrid, pero viendo que estos rivales se le quedaron pequeños hubo que ir a la fuente, a las Islas... En doce semanas Fado derrotó a los tres perros de Gran Canaria que aceptaron el reto del Gardel y después de pasar mes y medio en Tenerife, en los que sólo se presentó un rival, regresaron de nuevo a su barrio de siempre. Atrás quedaron nombres como "Hitler", "Mencey", "Bravucón" (cruzado de mastiff y akita) o "Bocanegra" a los que Fado se impuso con relativa facilidad, en total habían sido otros seis combates en su segundo año como púgil.

Gardel había conseguido una buena cantidad de dinero con las apuestas y todavía más con el negocio de las montas de su semental a las perras de los preseros canarios, todos quería tener la sangre del campeón cuanto antes y en primera generación.

Ya en la península y tras descansar durante todo el verano, el otoño y parte del invierno se le planteó un nuevo reto... ¿por qué no entrar en el circuito de peleas de pit bulls? Hasta entonces Fado había peleado con algún mestizo de pit de los más vulgares y no le había ido nada mal. La idea sería empezar una ronda de combates no profesionales contra canes de segunda fila y siguiendo las estrictas reglas que rigen el mundo de las peleas game, las cajun rules, de modo que alguno de los presuntuosos peleadores de más alto nivel se animase a jugar su dinero contra un perro como el suyo.

En un principio muchos dijeron que era una locura, que no podría con aquellos chuchos tan fibrosos y ligeros –entre quince y algo menos de treinta kilos-, que lo desfondarían físicamente; pero Fado… no era un perro cualquiera. La clave de su éxito radicaba en la extraordinaria inteligencia que poseía y que le capacitaba para discernir perfectamente el modo adecuado en el que tratar a cada adversario; con perros robustos y torpes como los "rott" que le plantaron en aquellas tempranas riñas realizadas en el Pozo del tío Raimundo y en la Barranquilla, luchaba de frente y sin reparos; con los presas ya se mostraba más cauto e intentaba artimañas técnicas como morderlos en las patas delanteras hasta romperlas; y con los pits desplegaba toda su astucia utilizando posturas de defensa y frecuentes cambios de ritmo con los que hacer frente a la impresionante demostración de resistencia aeróbica que ponían en práctica aquellos escurridizos perros saltarines.

Llegados a este punto creo que sería interesante describir de forma somera el aspecto de Fado; era un perro de presa de algo más de cincuenta kilos en peso de "descanso" (chain weight dicen los entendidos) y cuarenta y cuatro en peso de combate (conditioned weight) ; de color barcino muy oscuro, casi negro, salvo por una enorme mancha blanca que le adornaba toda la parte izquierda de la cabeza, abarcando incluso el morro en ese lado. Las orejas las tenía recortadas artificialmente (cosa, contrariamente a lo que se cree, poco habitual en los verdaderos perros de pelea) pero no del modo vulgar, a ras de cráneo, como cabría esperar en un animal con orígenes tan humildes como él, sino perfectamente perfiladas tal y como las que lucen los staffords americanos de los concursos de belleza más selectos; de cachorro, antes de practicarle la otectomía, portaba una erecta y otra caída, testimonio inequívoco de su sangre mestiza.

Pero lo que más llamaba la atención en él era su fortaleza; Fado era rocoso y chaparro, un auténtico amasijo de tendones, músculos y venas, culminados en una no menos impresionante cabeza en la que dos poderosas y casi grotescas mandíbulas parecían reclamar casi toda la atención. Esto, unido a la mirada dura y severa que surgía de sus ambarinos ojos oblicuos y al amplio mapa de cicatrices que andando el tiempo fueron garabateando su gruesa y elástica piel, le daban un aspecto realmente fiero.

Sin embargo Fado era en esencia un perro manso que tan sólo se mostraba agresivo cuando se veía amenazado por algo o alguien, no importaba si esa amenaza estaba representada por un ser humano, un animal o una cosa.

En cuanto a su dueño, El Gardel, había que decir que era tan mestizo como él. Su madre había sido una gitana hermosa, buena y decente que murió al parirlo, y su padre un payo malandrín, jugador y mujeriego, con más caras que un dado. Este último decía ser medio argentino y por eso le apodaban El Gardel, sobrenombre que años después pasaría a su hijo - lo único que le dejó en herencia junto con sus malos hábitos. A él lo crió su tía María, otra gitana guapa a rabiar pero con un carácter totalmente opuesto al de su difunta hermana; de forma que en cuanto pudo, con quince años, El Gardel desapareció, se "najó" del barrio y comenzó sus correrías. Fue carterista, "pirulero" -timador- , "burlanga" – jugador profesional– , narcotraficante y participó en algún atraco que otro, aunque jamás disparó un solo tiro ni hirió a nadie – los malintencionados decían que porque le faltaba valor y los otros porque todavía le quedaban algo de la Dolores, su madre. Jamás pisó una cárcel. Él era un "dandy", un tipo guapo y apuesto, rondaba el metro ochenta y tenía el pelo negro como su propio destino, ojos verdes, nariz aguileña y un tono de piel aceitunado, rasgos todos que dejaban a las claras su ascendencia caló. Solía llevar perilla y bigote enmarcando una perfecta y blanquísima dentadura, y su atuendo era siempre impecable, permanentemente bien "maqueado". Tenía el verbo cálido y fluido, tal y como dicen en los libros que tiene que ser el de un buen orador, y él era consciente de ello. Podía engatusar con la palabra y con su sola presencia a cualquiera, era un seductor nato a todos los niveles no sólo el amatorio; El Gardel le gustaba a todo el mundo: mujeres, hombres, animales de compañía...

Como antes dije heredó muchos de los malos hábitos de Gardel padre, El Gato, como también lo conocían en el barrio de Lavapiés –solo allí–, entre ellos su afición a las mujeres; y fue esa pasión desmesurada la que a menudo le causó la mayor parte de sus problemas. A él le gustaban, la verdad, casi todas las mujeres guapas, pero sentía especial predilección por lo que el llamaba "hembras de casta" –lo que ahora denominan en las revistas de moda, mujeres raciales. Le volvían loco las gitanas vírgenes del poblado de Elías, las moras del barrio y las mulatas y negras que trabajaban en los clubs de alterne que visitaba con asiduidad. Tenía toda una teoría al respecto, decía que esas "hembras de casta" eran más mujeres que las payas porque encajaban a la perfección en el ideal femenino que todo hombre lleva impreso en el cerebro, esto es, mujeres con caderas anchas, fértiles, de pechos generosos, labios gruesos y sobre todo morenas, muy morenas. "Ne chaí sai chojí, ne cachí bi ratí" (ni mula con tacha, ni mujer sin raza) solía repetir siempre entre miradas pícaras; este era un viejo refrán gitano en lengua romaní que le había enseñado su bisabuelo materno, un gitano llegado de Hungría huyendo del nazismo, que murió cuando él apenas contaba con seis años.

Volviendo a Fado, hay que decir que su trayectoria en el mundo del pugilato con el tiempo se fue afianzando más y más. Ya sólo estaba a un paso de la elite española y portuguesa, y en caso de lograr esa nueva posición las peleas en el exterior –Holanda e Italia- ya no serían un lejano sueño en la ambiciosa mente del Gardel sino que estarían casi al alcance de sus manos, con todo lo que eso supondría en beneficios económicos. En la categoría de plata Fado luchó contra perros como "Trece", un pit mediocre al que despachó en cinco minutos o "Lucifer", un perro negro y blanco que parecía un trasunto de él mismo sólo que con veinte kilos menos, y que le duró ocho minutos. A estos les sucedieron "Cuchillo", "Lucero", "Perdigón" y ... "Guajiro".

"Guajiro" ya era otra cosa, procedía directamente de Miami, de los criaderos de un cubano- americano llamado Andy Cárdenas, había sido probado ya en dos ocasiones con un rotundo éxito y era un serio aspirante a ingresar en el circuito de élite europeo. El problema de este perro es que era joven, tan solo tenía veintidós meses, y teniendo en cuenta que era de la línea de sangre "Chinaman" –perros que no suelen "abrirse", combatir bien, hasta los tres años de edad- resultaba prematuro arriesgarlo con un ejemplar ya curtido como Fado. De todos modos el día de la pelea las apuestas estuvieron quince a uno a favor de Guajiro ya que todos sabían que los otros pits a los que se había enfrentado su contrincante eran francamente deficientes, perros "cur"– El Gardel lo había arreglado todo para buscar a los peores pits con el objetivo de engordar el currículum de su campeón. Nadie creía realmente que un mestizo como aquel pudiese vencer a un pit de verdad, a un perro "fino", siguiendo las reglas "cajun"; de modo que la mayor parte de los asistentes se lo tomaron más bien como un entrenamiento para el can del amigo Andy.

El encuentro empezó como siempre, Fado lanzó su primer ataque de tanteo y cuando se percató de la dificultad para hacerse con su oponente pasó a su estrategia de carga y retirada que tantas ocasiones le había proporcionado la victoria. A los siete minutos de pelea llegó el primer "turn", se paró el encuentro y Fado hubo de realizar el correspondiente "scratch". Tras ése Fado completó otros cinco "scratchs" más con éxito.

Sin embargo los minutos fueron pasando y "Guajiro" iba de menos a más. El Gardel en su esquina no hacía más que pensar en la pelea con "Judas" y en como Fado al final había sabido sobreponerse al castigo físico; pero ahora todo era diferente, llevaban ya treinta y cinco minutos de pugna y su perro parecía agotado, sus patas apenas podían sostenerlo y se había quedado quieto en un rincón, expectante, como previendo el desenlace, mientras "Guajiro" castigaba su cuarto trasero izquierdo. Afortunadamente aquel pit no hacía del todo justicia a sus orígenes "Chinaman", ya que otra de las características de esta casta de es la de tener un extraordinario poder de mordida, sin embargo no parecía que Fado estuviese herido gravemente, el problema era simple, se encontraba totalmente desfondado y a merced de todos los ataques de su rival que iban minando sus fuerzas poco a poco. El Gardel ya estaba dispuesto a tirar la toalla, a "levantar" a su campeón; él no era un "perrero" de verdad, pero sentía un sincero afecto por su animal así que no estaba dispuesto a prolongar este sufrimiento inútil, pararía la pelea, curaría a su perro, recogería la pobre "bolsa" que le quedaba al perdedor en estos casos y se marcharía a su casa. Pero mientras estos pensamientos cruzaban por la mente del Gardel, en el ring estaba a punto de ocurrir algo extraordinario; de repente, Fado exánime, totalmente agotado, lanzó un ataque lleno de furia salvaje. Todo se desarrolló en un par de segundos, hizo una especie de amago al lado izquierdo y de súbito con un giro en la dirección contraria cerró sus fauces a una velocidad sorprendente en torno a una de las patas traseras de "Guajiro". El resultado fue que su contrincante soltó la presa y giró su cuerpo dando la espalda a Fado, se había producido un "turn"... y El Gardel lo reclamó. Ahora le tocaba hacer el "scratch" a su contrincante, se hizo lo acostumbrado en estos casos, cada uno de los dueños tomó a su perro, lo llevó a la esquina contraria del ring, Fado permaneció sujeto por su amo y a la señal del árbitro "Guajiro" estuvo libre para caminar en línea recta hasta la otra esquina y atacar completando así el "scratch". Pero Guajiro permaneció quieto, completamente clavado en el sitio y resoplando mientras su mirada se perdía en la nada, no importó que su amo le gritase hasta quedarse afónico, que hiciese aspavientos o que patease el suelo... el árbitro declaró a Fado como ganador.

Una vez acabado el combate, se dirigió tambaleante y meneando el rabo hasta el rincón donde se encontraba su amo, El Gardel, en espera de la recompensa en forma de carantoñas, palabras de cariño y un hermoso trozo de cecina de vaca, un manjar exquisito. La noticia de aquel combate corrió como la pólvora, era algo insólito, por toda España en los círculos de peleadores se hablaba de que en Madrid un mestizo, un perro del que todo el mundo pensaba que era un "cur", un animal sin "finura", sin "gameness"-como dicen los anglosajones- sin ese espíritu de ganador que hace que un pit o un gallo de pelea luchen hasta por encima de su propio instinto de conservación, había derrotado en cuarenta minutos, culminando cinco scratches, a un pit tremendamente prometedor que resultó no ser "game". Por supuesto no todo el mundo creyó lo que había sucedido, de modo que se desató una verdadera oleada de rumores encontrados.

De cualquier forma El Gardel por fin había conseguido su objetivo, se podía decir que ahora él y Fado eran realmente famosos en el panorama español de las peleas. Pronto empezó a recibir ofertas para montar encuentros con algunos de los mejores pits nacionales, o más bien desafíos morbosos, porque lo que la gente pretendía realmente era comprobar si lo que se decía de aquel chucho era cierto.

El elegido para el combate estelar fue "Poison" (2xw), un ejemplar de veinticinco kilos y color hígado, un auténtico diablo del ring que ya llevaba ganadas dos peleas a nivel profesional – de ahí el número 2 y la W (Winner) que acompañaban su nombre. Este animal llevaba sangre de muy buenos perros mejicanos como Calleja´s India o Callejas’s Dino y en su árbol genealógico figuraba un nombre mítico en la historia del apbt , Gr. Ch. Adam’s Zebo (7xw).

Tras conversaciones durante tres semanas, finalmente se concretó una fecha para la pelea, sería el 31 de Marzo, un momento ideal a juicio del Gardel, ya que daría tiempo para planear al menos un combate más antes del fin de año. Y es en este punto cuando el destino aciago que había perseguido a Gardel desde su nacimiento, el mismo que sin él saberlo incluso había dado nombre a su campeón – de Fatum procede Fado, como ya diría el poeta portugués Camoes – volvía a jugarle una mala pasada valiéndose de una de sus propias debilidades… la pasión por las mujeres.

La pelea, o mejor dicho el "congreso", ya que además del "reto" entre Fado y "Poison" estaban previstos varios combates de pits profesionales juzgados por un arbitro holandés y siguiendo las reglas "cajun", iba a tener lugar en una dehesa de Ciudad Real, propiedad de un noble de la zona.

Fueron muchos los invitados que asistieron, ya fuera en calidad de apostadores o de simple público. Algunos de los perreros de mayor prestigio de la península se dieron cita allí, otros en cambio, los más ortodoxos peleadores del mundo pit, no vieron con buenos ojos este espectáculo y por tanto declinaron la invitación a lo que denominaron un "circo". También acudieron destacados miembros de la vida pública y próceres locales... Abogados, empresarios, médicos, notarios, políticos del gobierno provincial tanto de la oposición como del partido gobernante e incluso un torero, se dejaron ver acompañados de carísimas y bellas prostitutas de lujo.

Entre los asistentes también estaba Guterres, un peleador portugués de muy mala reputación entre los aficionados, ya que también era un narco reconocido y multimillonario gracias a turbios negocios con sus vecinos gallegos de la ría de Arosa. Este solía ir acompañado de unas mujeres impresionantes y la última adquisición había sido Sonia, una negra lisboeta de origen angoleño con la que se había casado siete meses atrás. Sonia lo tenía absolutamente embebido y todo el mundo sabía - incluso él mismo - que le era infiel con cuantos podía, pero estaba tan atrapado en su telaraña de seducción que aquel cabrón desgraciado se limitaba a comportarse en su presencia como un obediente perrito faldero ignorando las habituales y probadas traiciones.

Ese día, sobre la una de la tarde, acudieron todos los participantes para asistir a un almuerzo que brindó el anfitrión Don Felipe –que así se llamaba el Conde en cuestión- en honor según dijo de "todos nosotros y nuestros magníficos animales". También hizo un alusión a Fado y a su sorprendente y extraordinario talento, que todos acompañaron de ruidosas y despreciativas carcajadas, lo cual molestó en cierta forma bastante más a Don Felipe que a su propietario El Gardel, que en aquellos momentos se entretenía pelando un langostino.

En la comida también estuvo presente Sonia, que insistió en sentarse justo delante del Gardel, al parecer su encanto mestizo había llamado la atención de aquella lujuriosa mujer toda pasión y carne.

El almuerzo terminó sobre las cinco y entonces el dueño de la finca los llevó a visitar sus magníficos establos y las tierras adyacentes, para que todos pudiesen contemplar la cuadra de caballos de pura raza española que poseía, junto con cinco yeguas y un semental de raza árabe. Esta visita naturalmente no fue secundada por todos, algunos fueron a preparar el ring – el pit, el "hoyo", son otros de sus nombres - donde cuatro horas más tarde tendrían lugar los combates y otros como Sonia se retiraron a descansar.

El Gardel caminó junto al resto hasta las caballerizas, soportó durante cinco minutos el relato apasionado y absolutamente absurdo del Conde referente a como en una ocasión su semental "Muza" lo había salvado de la embestida de un toro bravo, y cuando todos se dirigían a una zona de encinas se escabulló. Eran exactamente las cinco y quince minutos, a las cinco y treinta y tres ya había llegado hasta su habitación y allí, completamente desnuda, retozando sobre la cama deshecha... se encontraba Sonia.

Cuando se quiso dar cuenta ya estaba a horcajadas sobre ella, tomándola por detrás y gimiendo de placer. El Gardel por fin pudo experimentar lo que llevaba imaginando desde hacía horas; el contacto de aquella piel aterciopelada –mucho más suave de lo que jamás podría llegar a ser la de cualquier mujer blanca, pensó; la visión de aquellas caderas rotundamente femeninas y apetitosas que se abrían frente a él como un abanico lleno de promesas; la tensión ardiente de aquellos pechos entre sus manos; la calidad humedad con que sus entrañas de hembra acogían el erecto y crispado pene en cada movimiento rítmico hacia adelante; y aquellos jadeos susurrantes que Sonia encelada no cesaba de emitir. Estaban disfrutando los dos, ella y él. Gardel se sentía evadido, lejos de todo, ya no se acordaba de la pelea ni de ninguna otra cosa; cuanto más follaba más caliente se ponía y ella era consciente, lo podía notar dentro de sí, sintiéndose a su vez más y más cachonda.

Al instante siguiente Guterres entró en los aposentos y le descerrajó a Gardel un tiro en la nuca...

Lo que siguió a este suceso fue bastante confuso. Guterres vistió a su mujer apresuradamente, con un gesto no carente de cierta dulzura, sin ni siquiera pedirle explicaciones. Sonia por su parte había caído en un estado de aturdimiento histérico y atenazada por el miedo mantenía la vista fija en el suelo. La versión que le dieron al dueño de la casa fue la de una supuesta violación.

El dueño de "Poison" y su equipo junto con todos los otros perreros empezaron a desfilar fuera de la finca lo más rápido que pudieron –evidentemente no se querían ver envueltos en algo tan turbio.

Las cosas se torcieron definitivamente al llegar la Guardia Civil, al parecer una de las chicas del servicio asustada al oír el disparo y los gritos los había alertado con una llamada telefónica. Gracias a la posición de Don Felipe y sus contactos políticos, todo pudo "arreglarse" haciendo pasar el cuerpo del Gardel por el de un "camello" muerto en un ajuste de cuentas y encontrado en un descampado de la vecina provincia de Albacete. Sin embargo el capitán Segurado quería algo que ofrecer a sus jefes así que confiscó los pocos pit que todavía quedaban en la casa, de este modo Fado fue "aprehendido por la Benemérita", o al menos esa fue la expresión que utilizaron dos días más tarde los periódicos para referirse a este hecho.

Pronto, los mismos ineptos e irresponsables funcionarios que lo habían mantenido treinta horas encerrado en una perrera sin agua, comida, ni ventilación de ningún tipo, se percataron de que no era un perro común y de que no merecía un destino tan parecido al de su dueño como era el morir por una inyección letal del veterinario municipal. Finalmente fue a parar a Cantabria a manos de un policía local gordo, flatulento y alcohólico que lo rebautizó con el nombre más comercial de "Asesino". El tipo lo sacaba pasear cuando se acordaba, es decir, casi nunca; por lo que la mayor parte de los días esta tarea recaía en su hijo pequeño, el único que todavía no se había independizado de la casa paterna, un chiquillo de trece años bastante acomplejado y con un repertorio gestual que delataba ya una temprana inclinación erótica hacia su propio sexo, algo no permitido en aquel asfixiante entorno de barrio obrero.

Fado no era feliz con su nueva familia, comía peor que con su antiguo dueño, sólo le daban desperdicios –arroz, macarrones y legumbres– y tenía que asistir impasible a las escenas que protagonizaba su degenerado amo cada vez que se emborrachaba y la emprendía a golpes con aquel diminuto y enfermizo ser de ojos asustados que decía ser su mujer.

Una noche llegó totalmente bebido, venía de un local llamado "El Cisne", un “puticlub” muy frecuentado por policías –no en vano un tal Félix, el inspector de inmigración local, era uno de sus principales clientes. Al parecer estaba muy herido en su orgullo porque una de las mulatas, Marisol, se había negado a subir con él a una habitación a pesar de las 20.000 pesetas que le había ofrecido. Abrió la puerta de casa dispuesto a desfogarse con su mujer, que como cada noche desde hacía casi dos meses se hallaba presa de una terrible migraña. Los gritos despertaron pronto al niño y a Fado ( ahora "Asesino") que acudieron al cuarto marital tan pronto como pudieron. La escena que se encontraron allí era patética y terrible a un tiempo, aquella bestia humana le había abierto una brecha sobre el ojo izquierdo a su mujer, que ahora yacía exánime sobre el suelo, y ya se estaba empezando a desnudar con la intención de violarla – encima ya solo le quedaban los calzoncillos.

El chiquillo, con el rostro congestionado por el horror corrió en auxilio de la madre arrodillándose a su lado, el hombre lo miró un momento en silencio y seguidamente le propinó una patada en el rostro que transformó lo que hasta ese momento había sido una boca infantil, en una mueca sanguinolenta.

En ese instante… Fado entró en acción. Fue como siempre algo rápido y realizado con oficio; primero atacó a la altura del antebrazo derecho, derribando a su presa, y una vez en el suelo fijó toda la atención de sus fauces en el cuello, mordiendo con insistencia, cabeceando a ritmo acompasado, hasta hacer que toda la sangre y grasa subcutáneas que se encontraban alojadas en la rebosante papada quedarán visibles y esparcidas por la moqueta y el pecho de aquel desgraciado. La mujer y el niño asistieron impasibles al fin del tirano.

Desde ese momento la familia vivió tranquila, a la viuda le quedó una pensión más o menos digna y de la noche a la mañana floreció como lo hacen las rosas en primavera. El chiquillo tardó siete meses en reaccionar frente a su nueva situación, fueron muchas horas en el psicólogo pero finalmente se deshizo de esa sensación de pavor permanente que lo había acompañado desde su más tierna infancia; tomó conciencia y supo que al fin ya no habría más palizas e insultos, que todo había acabado para siempre.

En cuanto a Fado, nadie ha vuelto a saber más de él; lo cierto es que desapareció al llegar los del SAMUR la noche en que le ajustó las cuentas a su último dueño. La investigación policial dejó claro que él había sido el único culpable de la muerte y por tanto se dio orden de capturar al "perro asesino" como lo calificaron los medios de comunicación. A la semana de los hechos un vecino llamó a la policía para informar que había visto al chiquillo, "Marijose” como lo conocían despectivamente en el barrio – José María era su nombre verdadero– con una bolsa de pienso para perros en las inmediaciones de un parque cercano, dando de comer a un animal muy parecido a Fado. Interrogaron al chico pero no obtuvieron nada en claro. Con el tiempo la paranoia colectiva sobre el perro devorador de hombres se fue acallando, hasta darse por zanjada definitivamente cuando al cabo de tres semanas y media capturaron otro perro, mestizo de presa canario, vagabundo y medio rabioso que le había arrancado una oreja a un hombre en una zona residencial de chales adosados. El perro fue presentado como el asesino del policía, José María y su madre en un gesto de gratitud declararon que efectivamente ese era el can y así se dio carpetazo al asunto definitivamente.

Con el tiempo incluso los peleadores se fueron olvidando de él, después de todo lo más probable es que fuese un chucho más, un "bandog" como otro cualquiera y que "Poison" lo hubiese destrozado de haberse celebrado el combate , "¿¡ cómo iba a ganar a un pit bull bajo reglas cajun ¡? " repetían una y otra vez los antaño más incondicionales.

Pero Fado era un perro listo, sí, y a pesar de que probablemente tuviesen razón los peleadores al decir que no era un verdadero campeón del "ring", era un chucho especial... Quizás todavía ande por ahí callejeando, dedicado a otras cosas, como esos viejos boxeadores retirados que estuvieron a punto de tocar la gloria, pero que se quedaron en el camino por una u otra razón, apuñalados por el destino; y que sin embargo tienen más sabiduría en cada uno de sus puños de perdedor de la que cualquier otro hombre pueda llegar a atesorar en cien años.

Por si algún día lo veis, se llama Fado, no pertenece a ninguna raza en concreto y tiene en los ojos el brillo inteligente de todos los mestizos...

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“Cada um cumpre o destino que lhe cumpre,

E deseja o destino que deseja;

Nem cumpre o que deseja,

Nem deseja o que cumpre… “

 
Ricardo Reis

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fado:

do Lat. Fatum

s. m.,

Destino; vaticínio; oráculo; profecia; sorte, agouro; aquilo que tem de acontecer, que é fatal; canção característica de Lisboa e Coimbra; música da mesma canção; (no pl.) as forças ocultas que regem o destino dos homens; a Providência; a fatalidade.

5 comentarios:

  1. Extrañamente los perros mestizos siempre tienen ese algo en la mente que los hace muy inteligentes. Solo por favor cambie en las palabras mejicanas la j por la x, que es la forma correcta de escribir, es México no Mejico.

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    1. Hola Benito, en lengua española es tan válido México como Méjico, de hecho hay más topónimos con los que se da esta ambivalencia como Texas y Tejas, y antiguamente ocurría con Xerez y Jerez- aunque actualmente el nombre oficial de esa ciudad española es sólo Jerez. De hecho la grafía X no es de origen indígena, ya que ni mayas, ni aztecas, toltecas, olmecas o pueblos similares manejaban el alfabeto latino; el uso de esa letra en esos topónimos era propio del castellano antiguo- el de los conquistadores- y con el tiempo evolucionó hasta ser sustituida por la J.

      Aquí se habla algo del tema: http://forum.wordreference.com/showthread.php?t=4581

      En definitiva, no pretendo ofender a nadie, pero yo escribo en español peninsular- de la Península Ibérica, se entiende- o castellano, si se prefiere, y por eso empleo la J en lugar de la X, del mismo modo que digo 'Londres' cuando escribo en mi lengua y no 'London'.

      Pero entiendo perfectamente el apunte que me has hecho porque ya había leído en algún foro que a los mejicanos (mexicanos) les resultaba extraño el uso de la J en el topónimo de su país, aunque recalco que no lo he hecho con mala intención, es sólo que en el castellano que yo empleo lo habitual es eso.

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    2. Como no, ahora los indios nos van a adiestrar en el idioma castellano. Hablar maya que es el vuestri

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    3. A 'Anónimo' no le borro el mensaje para que sirva de advertencia, pero en adelante eliminaré cualquier de tipo de manifestación de tipo xenófobo. Además creo que no ha entendido nada de lo que he escrito, 'Anónimo'.

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  2. También opino que los perros mestizos tienes algo especial, que las razas definidas no suelen tener. inteligencia, gratitud, entrega no lo se. de lo que estoy seguro es de que muchos perros de los que podemos encontrar en las perreras podrian ser el protagonista del relato

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